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The Hunger Games apesta, ¿pero por qué?
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Es más que evidente que la más reciente sensación de la literatura y el cine es un completo fiasco y un patético intento fallido. Aunque esa es sólo mi opinión, es posible que se trate nada más de una imitación descarada de cierto libro escrito en 1999 que da la casualidad, también tuvo una adaptación al cine—no solo porque la trama es la misma, sino que los personajes son prácticamente iguales. Si usted es uno de los que aun está cegado por la ilusión de los “juegos de hambre”, hágase un favor y continúe leyendo.
PG-13
La película Battle Royale empieza con una advertencia: “esta película no es apta para menores de 15 años”. Si todavía no ha quedado claro, la historia de The Hunger Games es la misma de Battle Royale: el gobierno decide poner a luchar hasta la muerte a un grupo de adolescentes en una isla desierta en el futuro.
Desde antes de empezar, ya Hunger Games ha fallado. Una película con una historia como esta no puede ser PG-13. Los japoneses lo sabían. El libro original Battle Royale es una novela de suspenso, le adaptación al cine es un filme que combina terror, romance, suspenso, comedia y acción. The Hunger Games es una excusa de película para adolescentes que intenta mezclar ciencia ficción, romance cliché y efectos especiales.
Deficiencia narrativa
Pero no sólo hay que culpar a la adaptación cinemática—de hecho es altamente rescatable la actuación de Jennifer Lawrence a pesar de su personaje (Josh Hutcherson, por otro lado…)—la narrativa en sí, que viene desde el trabajo literario, es poco creíble, llena de clichés y en una palabra: mediocre.
Cosas básicas de la trama como lo es la manera en que los adolescentes son llevados a “los juegos” y la actitud de sus padres es poco realista en The Hunger Games, y la ambientación es para nada clara en la historia: un futuro postapocalíptico donde la comida escasea en el que los Estados Unidos ya no existen y en su lugar, existe un país llamado Panem, con acceso a supertecnología en la capital y los suburbios un espeso bosque. Un momento… ¿un mundo postapocalíptico que es un espeso bosque… donde la comida escasea? ¿Por qué la comida escasea en un bosque y que tipo de apocalipsis sucedió que convirtió a las ciudades de los Estados Unidos en bosques? Nada de esto tiene sentido. La ambientación de Battle Royale es mucho más sencilla: Japón, un país real, en un futuro no muy distante. De hecho, hoy en día existe la tecnología que se aprecia en la película de hace 12 años.
Otro punto importante para considerar (spoilers) es el hecho de que Katniss se ofrece como tributo. Ella se sacrifica para salvar a su hermana… ¿cierto? Da la casualidad que Katniss es sin lugar a dudas la mejor calificada para ese puesto, ¡casi pareciera que hubiera estado entrenando toda su vida para concursar en los juegos! La idea es perturbadora, sin duda, en Battle Royale queda claro que sólo un sicópata se ofrecería voluntariamente para participar.
Hay muchas, muchísimas cosas más que criticar de la mediocridad en la narrativa de la historia y no me hagan ni hablar del guión repetitivo y condescendiente de la película (mis oídos sangraban de lo mucho que repetían el catchphrase de la película), pero no quiero aburrirlos con los detalles, como ya se han dado cuenta, la narrativa de The Hunger Games apesta en un nivel fundamental, ya pueden imaginarse cuánto apesta en los niveles más superficiales.
La banda sonora
La música de Battle Royale fue compuesta, arreglada y conducida por Masamichi Amano, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Warsaw e incluye piezas de música clásica como el Dies Irae del Requiem de Verdi, composiciones de Strauss, Bach.
En el soundtrack de Hunger Games podemos encontrar canciones populares de las cuales solo pudimos escuchar parte de una durante los créditos interpretada por Taylor Swift. La música de la película iba originalmente a estar a cargo de Danny Elfman, pero al final el destino decidió que era demasiada música para una película tan pésima y terminó en las manos de James Newton…el tipo que hace la música de TODAS las películas de M. Night Shyamalan.
The Hunger Games apesta, ¿entonces por qué es tan popular?
En un mundo donde Twilight y Justin Bieber son populares, la pregunta es necia. Claramente la calidad y la popularidad no van de la mano, por lo que sabemos, nunca se han visto la cara.
En el caso de Hunger Games, ciertamente tiene aspectos que llaman la atención, promesas que al final la historia no cumple. Su concepto central es interesante, incluso, al agregar el factor del hambre, tiene el potencial de hacer más interesante al de Battle Royale. Uno esperaría tal cosa, si se llegara a desarrollar. Pero el tema se toca superficialmente: el concepto central de la película, en torno a lo que todo gira, apenas si se menciona. Este es el efecto M. Night Shyamalan ( ¿Ven como todo está conectado como el fluido eléctrico del área metropolitana?): el hombre hace películas malas pero con conceptos buenos…conceptos que nunca desarrolla en la película, entonces uno siente que terminó viendo un avance muy largo de una buena película que jamás podrá ver. Además, a diferencia de Twilight, Hunger Games no sexualiza a sus personajes y la protagonista tiene expresiones faciales.
¿Quién dirigirá las secuelas?
Se ha mencionado a Joss Whedon. No, en serio. Sí, a mí también me hizo reír. Nadie quiere dirigir esta porquería, ni siquiera si los hace millonarios o darles la oportunidad de reanudar su serie favorita que fue cancelada. Sinceramente, deberían de llamar a M. Night Shyamalan para este trabajo.
La fábula del dragón tirano
0Había una vez un dragón gigantesco que tiranizaba el planeta. El dragón era más grande que la más grande de las catedrales, y estaba cubierto de gruesas escamas negras. Sus ojos brillaban con la luz bermeja del odio, y de sus terribles fauces brotaba un flujo incesante de baba verdosa y fétida. El dragón exigía a la humanidad un tributo espeluznante: para satisfacer su apetito desmedido, cada día al ponerse el sol diez mil hombres y mujeres debían ser entregados al pie de la montaña donde vivía. A veces el dragón devoraba a estos pobrecillos en cuanto llegaban; a veces los encerraba en la montaña, donde languidecían durante meses o años antes de ser finalmente devorados.
El sufrimiento causado por el dragón tirano era incalculable. Además de los diez mil que diariamente sufrían una muerte horrenda, estaban sus madres, sus padres, sus esposas, sus maridos, sus hijos y sus amigos, que seguían viviendo sólo para llorar la pérdida de sus seres queridos.
Algunos intentaron combatir al dragón, pero si fueron valientes o necios no es fácil de decir. Sacerdotes y magos lanzaron infructuosos anatemas. Guerreros lo atacaron, armados con rugiente coraje y las mejores armas que los herreros pudieran forjar, pero acabaron incinerados por su fuego antes de que pudieran acercársele. Químicos destilaron infusiones tóxicas, y valiéndose de ardides lograron que el dragón las bebiese, pero el único efecto aparente fue estimular aún más su apetito. Las garras, las fauces y el fuego del dragón eran tan efectivos, su escamosa armadura tan impenetrable, y su ser todo tan robusto, que lo hacían invencible ante cualquier ataque humano.
Al ver que derrotar al tirano era imposible, los humanos no tenían otra opción que obedecer sus órdenes y pagar el pavoroso tributo. Los elegidos para morir eran siempre ancianos. Aunque las personas mayores fuesen tan robustas y vigorosas como las más jóvenes, y a veces más sabias, se pensaba que por lo menos habían gozado de unas cuantas décadas de vida. Los más adinerados podían granjearse una breve prórroga sobornando a las patrullas de reclutamiento que venían en su busca; pero por decreto constitucional nadie, ni aún el mismo rey, podía postergar indefinidamente su turno.
Los hombres espirituales intentaban consolar a aquellos que sentían miedo de ser devorados (prácticamente todos, aunque algunos lo negasen públicamente) prometiendo una nueva vida tras la muerte, una vida que estaría libre del azote del dragón. Otros oradores argumentaban que el dragón tenía un lugar en el orden natural de las cosas, y el derecho moral a alimentarse. Decían que era parte del sentido mismo de ser humano el acabar en la panza del dragón. Otros más sostenían que el dragón era bueno para la especie humana, pues limitaba el crecimiento de la población. No se sabe en qué medida los apesadumbrados hombres se dejaban convencer por estos argumentos. La mayoría intentaba conformarse, no pensando en el triste fin que los esperaba.
La futilidad de la resistencia
Esta desesperada situación duró muchos siglos. Ya nadie llevaba la cuenta de los muertos acumulados, ni de las lágrimas vertidas por sus deudos. Las expectativas habían ido ajustándose paulatinamente, y el dragón tirano había llegado a convertirse en una de las cosas de la vida. En vista de la evidente futilidad de cualquier resistencia, los intentos de matar al dragón habían cesado. Los esfuerzos se concentraban ahora en aplacarlo. Si bien el dragón ocasionalmente incursionaba en las ciudades, se comprobó que al entregarle puntualmente en la montaña su cuota de vidas, se reducía la frecuencia de estas correrías.
Sabiéndose bajo la permanente amenaza de convertirse en pasto para la fiera, la gente comenzó a tener hijos más tempranamente y más seguido. Era común que una chica, al cumplir dieciséis años, hubiese ya concebido. Las parejas engendraban a menudo hasta una docena de hijos. De esta forma se evitaba que la población humana menguase, y que el dragón estuviese hambriento.
A lo largo de estos siglos el dragón, bien alimentado, creció y creció, lentamente pero sin pausa. Había alcanzado ya casi el tamaño de la montaña que lo cobijaba. Y su apetito había aumentado en proporción. Diez mil cuerpos humanos no bastaban ya para llenar su panza. Ahora exigía ochenta mil, que debían ser entregados al pie de la montaña cada tarde al ponerse el sol.
Lo que mantenía ocupada la mente del rey, más que las muertes o el dragón mismo, era la logística de reunir y transportar tanta gente a la montaña cada día. No era tarea fácil.
Para facilitar el proceso, el rey hizo construir una vía férrea: dos cintas rectas de reluciente acero que conducían a la guarida del dragón. Cada veinte minutos, un tren llegaba al terminal de la montaña abarrotado de gente, y regresaba vacío. En las noches de luna los pasajeros del tren, si éste hubiese tenido ventanillas por donde asomarse, habrían podido ver frente a ellos la doble silueta del dragón y de la montaña, y un par de ojos carmesí como los rayos de dos gigantescos faros que indicasen el camino a la aniquilación.
El rey empleaba un gran número de sirvientes para administrar el tributo. Había secretarios de registro que llevaban la cuenta de quiénes correspondía enviar. Había recolectores de gente que eran enviados en carros especiales a recoger a los designados. Viajando a menudo con pasmosa velocidad, se precipitaban con su carga a una estación del ferrocarril o directamente a la montaña. Había funcionarios que administraban las pensiones para las familias diezmadas e incapaces ya de mantenerse. Había calmadores que viajaban con los condenados camino a la montaña, intentando aliviar su angustia con licores y drogas.
Había, además, un equipo de expertos dragonólogos que estudiaban formas de hacer más eficientes estos procedimientos logísticos. Algunos dragonólogos también llevaban a cabo estudios sobre la fisiología y el comportamiento del dragón, y recogían muestras – escamas caídas, baba que rebasaba sus fauces, dientes perdidos, excrementos moteados con fragmentos de huesos humanos. Todo ello se anotaba y archivaba escrupulosamente.
Mientras más se sabía acerca de la bestia, más se confirmaba la percepción generalizada de su invulnerabilidad. Sus negras escamas, en particular, eran más duras que cualquier otro material conocido por los hombres, y parecía no haber modo de hacer siquiera un rasguño en su armadura.
Para financiar todas estas actividades, el rey cobraba elevados tributos a su pueblo. El gasto asociado al dragón, que ya constituía un séptimo de la economía, crecía con mayor rapidez que el dragón mismo.
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¿Un videojuego en una lavadora?
0Lavar ropa es algo que solemos hacer al menos una vez por semana (a menos que tengan la dicha de que alguien más las haga por ustedes, pero en fin) y ¿qué mejor manera para un gamer que jugar mientras la lavadora funciona?
Así es, Lee Wei Chen, estudiante de Kingston University en Londres, decidió que combinar ambas acciones sería funcional. Según mencionó, entre los motivos que lo impulsaron a crear dicho producto: “Mis habilidades virtuales eran poco útiles en el mundo real, con esta máquina lo serían”. Vaya geek ¿no?.
El funcionamiento de la lavadora es bastante simple, trabaja como un árcade. Se introduce la ropa, se insertan unas monedas y al iniciar el juego, se inicia simultáneamente su ciclo de lavado. Eso sí, la lavadora está condicionada al juego. Mientras el rendimiento del jugador sea bueno, más pronto acabará el lavado, pero si se pierde con frecuencia, la lavadora exigirá más monedas y se detendrá por completo.
Para algunos la idea es brillante, pero considerando que la lavadora se creó para facilitar el lavado y poder así, otorgar la opción de dedicarse a otras tareas, con ésta esa no es más una opción. Al iniciar el ciclo no hay vuelta atrás hasta terminar el juego y así, por fin, tener la ropa limpia.
Esta máquina está muy bien diseñada, bastante original y algo innecesaria, pero provocará pronto que muchos geeks se olviden de las lavadoras convencionales y se diviertan en una aventura de limpieza.

La casa de los Simpson está en venta por $120.000
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Suena loco, pero es cierto, la casa de los Simpson se encuentra a la venta. A pesar de que está ubicada en Nevada está propiedad es la copia fidedigna de la casa original de la famosa serie de dibujos animados.
El geek – Around the world, around the world
0El geek no es exclusivo de un país. El geek es del mundo. El geek es parte de todos los lugares, y a la vez de ninguno.
El geek es geek. Sin importar la raza, género o idioma. Y con respecto a esto último, hoy les traigo una breve serie de videos en idiomas ajenos al inglés (que se podría considerar el idioma base para el geek).
Una escuela para Jedis en Chile. No, en serio.
1BBC Mundo reportó hace unas semanas que ahora los chilenos podrán instruir a sus hijos en el camino de la “fuerza”, gracias a la creación de una escuela para jedis.
El proyecto nació luego del paso por Chile de una gira de exhibición de Star Wars, y se suma a otras academias como una que se creó en 2005 en Nueva York y otra que funciona en Rumania.
“Y como instructor de taekwondo y yoga me surgió la idea de integrar estas disciplinas con la meditación y hacer algo más holístico y a la vez divertido, buscando que los niños se entretengan e interpreten esos personajes de quienes son fans”, le explicó a BBC Mundo William Berrueta, el impulsor de la escuela.
Para el entrenamiento de los niños, la escuela emplea réplicas del sable de luz “que incluso tiene los sonidos y una luz que se enciende como en las películas”, señaló Berrueta.
Pueden visitar el sitio web de la escuela jedi para más información. ¿Qué opinan de esta iniciativa?




